Sobre la Gran revolución Bolchevique en octubre de 1917

Sobre la revolución proletaria de 1917


Es incalculable el valor que mantiene la revolución proletaria de 1917 que se desarrolló en lo que entonces se conocía como la Rusia de los zares. Incalculable también por la directriz que desde entonces se trazó para los pueblos y la clase obrera del mundo, por significado revolucionario que fue como fenómeno histórico, en todo su contenido ideológico, político, programático, que por el devenir actual de la lucha de clases trasciende las barreras de la temporalidad del historicismo burgués y ubica la vigencia insoslayable de la revolución socialista como necesidad de la humanidad para continuar el desarrollo de las fuerzas productivas y la vida misma.


La revolución bolchevique de 1917 se puede considerar el segundo paso de los proletarios, después de la Comuna de París, en que mantienen la organización del Estado y la economía con el rumbo del socialismo, la emancipación de la sociedad y la humanidad en su conjunto. Hablar de su caída, de su derrota, de la “implosión del bloque socialista”; intentar imponer esquemas mecánicos, hacer un balance de lo que sucedió posteriormente sin ubicar la experiencia de la revolución en su contenido propio y en su carácter de clase, ubicando el papel de esta y de su Partido de vanguardia sin la ayuda del microscopio de la dialéctica materialista, es hablar desde la cátedra, imbuido de los del liberalismo y el positivismo lineales de la pequeña y gran burguesía, las corrientes revisionistas, ex-marxistas, tránsfugas arrepentidos y “posmodernos” que no pueden escapar a la ineludible suerte de representar con su letra, en cada palabra,; los intereses burgueses a que pertenecen y defienden.

El 25 de octubre -7 de noviembre en el calendario actual- de 1917, se consagró como la fecha en que las banderas rojas ondearon triunfantes en los edificios que hasta entonces estuvieron ocupados por el poder de la monarquía y los capitalistas, comenzando una nueva etapa en la lucha de clases, una nueva era de la historia del proletariado y la destrucción del viejo régimen de explotación del hombre por el hombre.

El movimiento revolucionario había pasado ya por importantes capítulos de su historia, un elemento subjetivo importante fue la creación y maduración de las primeras organizaciones obreras y de intelectuales revolucionarios de entre los que figuraba el Grupo Emancipación del Trabajo, encabezado por Plejanov, considerado el padre del marxismo ruso. Los diversos grupos revolucionarios, ya para 1917 mantenían una influencia considerable en el movimiento obrero, fusionados en el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR-b). Los diferentes Partidos revolucionarios y en lo particular el partido de Lenin y Stalin, el Partido Bolchevique, pertrechados en las experiencias de la lucha ideológica al interior del Partido desde su segundo congreso, de la Revolución de 1905 y demás experiencias en materia de la ciencia de la revolución (un periódico para toda Rusia, forjar al calor de la lucha de clases el centralismo democrático, etc.), salieron triunfantes en la revolución democrática de febrero de 1917 de la que emanaría el Gobierno Provisional encabezado por Kerenski.

La revolución democrático-burguesa fue el resultado de la situación por la que pasaba el país, cuatro años de guerra dejaron al pueblo y las familias de los soldados en la miseria, la represión en contra del movimiento obrero y las diversas nacionalidades, los pogromos en contra de la población judía, la persecución en contra de los revolucionarios y militantes del movimiento democrático, atizaban el descontento popular, obligaban a trazar una táctica más audaz, forjar estructuras de organización clandestinas, eficaces y centralizadas. Por otro lado, la experiencia de los soviets que se construyeron durante la Revolución de 1905 resurgía como alternativa de poder, de tal manera que durante los meses de febrero a septiembre se configuró una dualidad de poder entre el gobierno provisional y los soviets, en particular el Soviet de Petrogrado, cuya importancia era de peso y centralidad por desarrollarse en una ciudad de tanta importancia, lo imbuía un enorme prestigio entre las masas populares y el movimiento revolucionario.

“En contra del Gobierno Provisional de Kerenski, ya se alzaban no sólo los obreros y campesinos, sino también las nacionalidades oprimidas de Transcaucasia, Ucrania, Bielorusia, Asia central y Finlandia.” (A. Shestakov. Historia de la U.R.S.S.).

La 1ª Guerra Mundial imperialista, costó cara a Nicolás II, pues abrió las puertas de la crisis política que permitió la victoria de la revolución democrática, pero el proyecto de levantar la economía en las espaldas de los trabajadores nuevamente, enmascarado en el nacionalismo burgués y la continuación de las tropas rusas en la gesta imperialista, acarreó el mismo costo al gobierno de Kerenski, los bolcheviques vieron la posibilidad de que el proletariado se alzara con el poder, los soviets de obreros y soldados encarnaron la unidad estratégica de los proletarios y los campesinos pobres, toda vez que los soldados en su gran mayoría eran de familias campesinas medias y pobres.
Cabe recordar los apuntes de Lenin en la Revolución de 1905, en donde el tema de la revolución democrática no excluye el posible proceso de la toma del poder por el proletariado llevando a su límite a la revolución democrático burguesa y avanzando a la proletaria y socialista.

A la llegada de Lenin a Rusia en abril, la revolución ya contenía elementos de revolución socialista, en la estación de tren en la que fue recibido por cientos de proletarios Lenin arengaría a las masas con el ¡Viva la revolución socialista mundial!, consigna que ningún otro partido avalaba, los Kadetes demócratas constitucionalistas, socialistas revolucionarios, los mencheviques y trudoviques, de alguna manera adoptaban las consignas socialistas, gracias al prestigio del que gozaba ya a nivel internacional ese concepto, el mismo Kerenski se decía socialista, pero mantenían el criterio de que la burguesía debía mantener el poder, que el proletariado no se encontraba listo todavía para gobernar y construir el socialismo, esta política fue identificada por las masas populares, por el proletariado, los campesinos pobres y los soldados; como una política de traición apenas fue desenmascarada por los bolcheviques.

“Lenin y Stalin llamaban a los bolcheviques a organizar a las masas para luchar por la revolución socialista, para cuyo triunfo, decían, la clase obrera, en estrecha alianza con los campesinos más pobres, debía derribar el poder de la burguesía. Es preciso enfrentarla, arrancar la tierra de manos de los terratenientes y entregársela en usufructo a los campesinos, dar la libertad a las nacionalidades oprimidas de Rusia y cesar inmediatamente la guerra.” (A. Shestakov, Historia de la U.R.S.S.)

En el Congreso Panruso de los Soviets, Lenin impulsó la consigna de ¡Todo el Poder a los soviets!, acompañada de los decretos de la tierra, que daba tierra al campesino pobre y de la paz, que convocaba a todos los pueblos y sus gobiernos a firmar una paz democrática e inmediata. Rompiendo la dualidad de poder con el Gobierno Provisional y rompiendo con él, declarando la guerra total al capitalismo, a la democracia burguesa y abriendo el camino de la emancipación del hombre.

Los últimos días de julio se reunió el VI Congreso del Partido Bolchevique, en este se trazaron las líneas generales de la insurrección armada en contra del Gobierno Provisional. Los bolcheviques se hicieron de un gran
prestigio con las consignas correctas de ¡Pan y paz! Y sobre todo ¡Abajo los ministros capitalistas!

El navío de guerra, Aurora, apuntó sus cañones hacia el Palacio de Invierno, los soldados de la guardia roja penetraron en las defensas del palacio, se tomaron los centros de comunicación, las fabricas, los transportes viajaban con milicias rojas y en poco tiempo el control del país estaba en manos de la revolución proletaria, bajo la dirección del partido que ya en el poder cambiaba su nombre por el de Partido Comunista (bolchevique).

Los primeros decretos del gobierno revolucionario fueron en el sentido de detener la guerra, distribuir la tierra, alimentar al pueblo que vivía la miseria y el hambre, frenar la reacción interna y combatir la intervención imperialista.

Duras condiciones tendrían que ser superadas para poder comenzar con la propuesta leninista de transición, mejor conocido como Nueva Política Económica (NEP por sus siglas en inglés), a la que se opuso el trotskismo, se superó el embuste de la firma de la paz en Brest-Litovsk, en donde se perdieron miles de vidas y territorio soviético, se superó la guerra civil en donde las potencias imperialistas y la reacción interna asediaban al proceso revolucionario.

Grandes proezas de las masas trabajadoras, hacedoras de la historia, se dejaron ver en los años por seguir. En estas fechas se cumplen 90 años de la primer revolución proletaria, que abriría la nueva era del imperialismo y las revoluciones proletarias, la emancipación del hombre de la explotación y la propiedad privada, la época en que el control que se ha logrado mantener sobre la naturaleza pase a servir al conjunto de la sociedad y no se controle en las manos de unos cuentos millonarios monopolistas y explotadores.

La revolución socialista de octubre difícilmente puede ser llamada o considerada como una revolución meramente rusa, como gusta llamarle el historicismo académico-burgués. Si bien se desarrolló en la geografía de aquel país y la mayoría de sus actores son rusos o de naciones oprimidas por la Rusia imperial; el carácter de este fenómeno político social es internacional, la revolución socialista es estrictamente proletaria en su carácter de clase, es estrictamente internacionalista.

Habría que acotar en este sentido que la construcción de la economía básica de distribución, el levantamiento de una economía centralizada y planificada, la acumulación de fuerzas internas, la construcción pues del socialismo en un país, no está en contradicción con el proceso de la revolución a nivel internacional, es un falso debate la pugna entre la construcción del “socialismo en un solo país” y “la revolución internacional”, pero la segunda de estas dos consignas ha sido cabalgada por el aventurerismo pequeño burgués y no de manera inocente, sino siempre cargada de intereses materiales no proletarios.

El capital no tiene patria y los proletarios no tienen porqué engañarse con el nacionalismo burgués, el objetivo de la revolución socialista y proletaria es acabar con la sociedad dividida en clases, abolir la propiedad privada en los medios de producción, construir el socialismo y el comunismo a nivel mundial. En ese sentido, las masas populares que hicieron la revolución en octubre de 1917, bajo la dirección acertada de los bolcheviques, no caminaron un proceso únicamente de liberación nacional, o de conquista de libertades democráticas y civiles, sino que buscaron dar vuelta a la rueda de la historia, fueron los primeros que bajo las enseñanzas de la Comuna de París, destruyeron el viejo Estado y construyeron una nueva forma de democracia, colectivizaron las tierras, universalizaron la educación y la cultura, estructuraron planes de desarrollo económico que tuvieron como último objetivo emancipar al hombre de la explotación de sus iguales.

De manera dialéctica el capitalismo genera en su seno el germen de su propia destrucción, el proceso revolucionario que tiene como fin la superación del capitalismo no se reduce a los primeros esfuerzos de los proletarios por llevarlo a cabo.

El desarrollo del capitalismo determina el desarrollo de la clase obrera, su maduración, su composición en cuanto a las ramas productivas y de servicios; el proletariado es el producto más original del capitalismo, es el absoluto antagónico del poseedor, del expropiador y explotador capitalista, su táctica y su estrategia (la del proletariado) se componen del bagaje que como clase ha acumulado, la experiencia de los últimos poco más de ciento cincuenta años de lucha por el socialismo; del socialismo utópico al socialismo científico, el concepto de partido de clase, en tiempos de Engels y Marx, la necesidad de organizarse en una Asociación Internacional de los Trabajadores, el origen del partido de nuevo tipo con Lenin, la tenaz lucha contra el fascismo y la construcción del socialismo en tiempos de Stalin, sin olvidar las gestas revolucionarias de 1848 y la Comuna de París en 1871.

Todos estos capítulos son experiencias de la práctica del proletariado y de los oprimidos en general, que hoy es viva teoría emanada de la lucha revolucionaria, cuya última utilidad es la conformación de la conciencia del proletariado revolucionario. En ese sentido, la revolución de octubre es en nuestros días, guía para la acción más allá de las fechas conmemorativas¹ de intelectuales que más que perfilarse contra el capitalismo intentan rasurar el leninismo de la simiente revolucionaria marxista. Al contrario, como bien se apunta en la revista Unidad y Lucha N° 15, de la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxista Leninistas, la experiencia histórica sigue viva para ser retomada por la clase obrera y los pueblos del mundo.

A 90 años de la Revolución Socialista de Octubre, es fundamental pasar revista de las tareas históricas que ha cumplido el movimiento comunista internacional, cabe abundar en el sentido que ha tomado nuevamente la lucha contra la globalización y el papel que las propuestas de los marxistas leninistas juegan en los espacios que han creado los pueblos del mundo en sus luchas emancipadoras y revolucionarias actuales.

Si otro mundo es posible, éste es en la construcción del socialismo y el comunismo, es el mensaje que Octubre del 17 manda a las generaciones actuales de proletarios y de luchadores populares, el legado de aquella revolución, también se encuentra en la elaboración de la actual táctica necesaria para repetir la hazaña de doblegar a la burguesía. El Partido Bolchevique hizo converger a todas las luchas de su tiempo en un solo torrente de revolución y transformación social, desde los campesinos sin tierra, los campesinos medios preocupados por el avance de la guerra, las diversas necesidades que se daban en las fábricas y ramas de la industria que además era pequeña y mantenía al proletariado en desventaja numérica en comparación con los campesinos, logró unificar en la lucha amplios sectores de la pequeña burguesía arruinada, democrática, interesada en derrocar el gobierno autocrático y a diversas corrientes del movimiento socialista, los bolcheviques, echando mano del marxismo, del materialismo dialéctico, comprendieron las tendencias del capitalismo, las necesidades de los explotados y la táctica de acumulación de fuerzas para la revolución.

Ubicar las leyes de la sociedad capitalista y trazar la estrategia con respecto de éstas, estrategia que es el norte de la táctica que se desarrolla en cada combate de la lucha de clases, identificar a la clases más interesada en la transformación revolucionaria de la sociedad, las clases directamente explotadas y por ende revolucionarias, ubicar a las clases aliadas, susceptibles de abrazar la estrategia del proletariado y de dar el golpe a la burguesía en conjunto con éste. Construir la vanguardia organizada de la clase re
volucionaria, el Estado mayor de los proletarios, los oprimidos y los explotados. Forjar en la lucha, en la movilización, librando las batallas contra los instrumentos de represión del Estado burgués, la alianza entre los obreros y los campesinos pobres, base de la construcción del socialismo. Esas son enseñanzas de la Revolución Socialista de Octubre, aprendizaje que merece sistematización, proyección práctica constante, adaptándose a las nuevas condiciones y dinámicas de la lucha de clases en nuestros días.
En la actualidad, el movimiento de masas requiere de la profundización de los conceptos fundamentales del marxismo-leninismo, como fruto de la comprensión y el desenvolvimiento de la organización de los explotados y oprimidos. El actual proceso de frente único, que recorre con una trayectoria transversal la lucha de clases en nuestro país, despierta una acelerada lucha ideológica, en la que las banderas del marxismo-leninismo, la concepción materialista-dialéctica de la historia, juegan un papel determinante, para comprender los fenómenos que despierta la ofensiva capitalista en la acción espontánea de las masas y superarla con la herramienta del elemento consciente.

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