las reformas y la conyuntura politica


Aprobada la reforma energética, la socialdemocracia en el parlamento lanzó campanas al vuelo y con tintes triunfalistas prácticamente cerró el capítulo de su aprobación.

En las calles López Obrador continuó con los llamados a la movilización, pero sin lanzar hacia delante el descontento popular, más bien lo contuvo y lo rebajó mediante consultas sobre el rumbo del movimiento, como si no saltaran a la vista los problemas del capitalismo. A fin de cuentas, las pugnas internas no son la razón por la que desmovilizan, sino la propia falta de perspectiva de los dirigentes perredistas.

Por lo que se sabe, el contenido de la reforma ya aprobada deja sueltos varios aspectos importantes, para que puedan ser utilizados por los leguleyos como resquicios para hacer y deshacer. Esta limitación no es sólo por las artimañas de los partidos gran burgueses –PRI y PAN– sino también por las restricciones de su propia visión del movimiento en las calles y la lucha de clases.


Por su parte, el flujo del movimiento popular-magisterial en Morelos se mantiene, desarrolla la lucha por las demandas gremiales de aquel estado, además de servir como catalizador para que maestros de otros estados se mantengan en las calles -mediante la solidaridad, pero rebasándola hacia el desarrollo de la lucha magisterial nacional-, por sus demandas sectoriales, vinculándolas por la vía de los hechos, con las demandas políticas anti-charras y antiimperialistas.

Del lado del régimen las respuestas son palos de ciego, con todo, buscan ir cerrando las garantías individuales mantenidas todavía en el derecho burgués. Ahora con la creación de la superpolicía, propuesta que incluso encuentra el rechazo de sectores de la burguesía en el país.

En el caso de la movilización en el Senado, los cuerpos represivos se encargan de endurecer la resistencia con forcejeos e intentos de desalojo; dan lecciones a contrapelo del ideario obradorista de no romper vidrios.

Ante el hostigamiento y la represión estas lecciones se dejan de lado para romper la visión pacifista y legaloide. Sin duda que el jefe de los nacionalistas movilizados saldrá a declarar su enojo y deslinde de quienes no aguantaron los golpes y devolvieron unos cuantos, pero eso es inevitable.

La reforma se mantiene en los medios de comunicación, tanto de la socialdemocracia como de la burguesía, como el asunto central, y lo es. Lo que no justifica el silencio cómplice ante la situación en Morelos, la contención de los salarios en medio de la devaluación y los anuncios oficiales del 10% más de desempleo.

A todo esto se suma la grave descomposición social del sistema que aflora en cientos de asesinatos ligados al narcotráfico, protegido siempre por las autoridades y que ahora resultó poco rentable en términos políticos.

Ante estas condiciones, y en el contexto internacional de crisis capitalista mundial en ciernes, los elementos detonantes de la insurgencia proletaria y popular deben ser la salida para resolver los problemas del país. Porque ni la mejor reforma garantiza el bienestar de las masas, el pueblo trabajador sólo se puede asegurar en un gobierno propio, un Gobierno Provisional Revolucionario, y una Asamblea Nacional Constituyente Democrática y Popular. Hacia allá deben de caminar los procesos unitarios.

tomado de Vanguardia Proletaria #300
leelo en su version electronica

http://www.pcmml.com/vangua.htm

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