Afrontar la escalada militarista

El salario no es un pago que sea suficiente para completar la ida de un obrero o trabajador de nuestro país, sea cual sea su ocupación, el incremento de precios rompe con todo cálculo para alargar el salario: dobles trabajos, como también la ocupación familiar, son la nueva unidad para sobrevivir.

Para comenzar los festejos navideños la inflación marca el menú de la cena navideña de los proletarios que ya no encuentran más que problemas para mantener su empleo el próximo año.

Es contraste, en medio de la crisis económica grandes monopolios están haciendo jugosos negocios, incluso comprando empresas que antes parecían inalcanzables. Dos ejemplos: Telmex comprando acciones de Citigroup, o Bimbo apoderándose del fabricante Weston Foods.
Esta es la crisis en México, los más acaudalados salen airosos y por eso piensan que es una oportunidad para el país; para esto sus programas y consignas son repetidas en la televisión de forma que la miseria ya no es una injusticia sino una oportunidad.

Pero para quien no ve la televisión y sí ve el salario no hay duda del detrimento de la vida en comparación al incremento de trabajo; los contrastes citados corresponden a los problemas políticos que se viven actualmente; no es la pena de muerte ni las ejecuciones los problemas que afectan a la mayoría de la población.

Es de resaltar que en un sindicato como el minero, a pesar de su dirigencia charra, se ha mantenido sin dar pasos atrás en torno a derechos arrancados al Estado burgués: salario, contratos colectivos y reivindicación de mejores condiciones de trabajo. No son cosas mínimas, se trata de una identificación de clase frente a la politiquería que actualmente está en boga.

Para no dejar atrás este movimiento tenemos que recordar la ocupación del ejército de la mina de Cananea, Sonora, en meses recientes. Dicha ocupación marca un preámbulo del fondo real del militarismo, el control de la lucha de clases.
Quienes se encuentran detrás de estas tácticas son los oligarcas que antes mencionamos, los Slim, Azcárraga, Servitje, que fueron y son correspondidos por los políticos más entusiasmados por la pena de muerte y el incremento de las medidas militares para controlar a la población.

Bajo el velo de la lucha contra el crimen y el narcotráfico están los intereses económicos que se ven beneficiados de la explotación de la clase obrera; pasando en la misma charola ponen secuestros y derechos laborales, coordinando su campaña en los medios de comunicación.

Si la denuncia del militarismo a principios del sexenio correspondía a esclarecer las herramientas con que el calderonismo se protegía del descontento de fraude electoral, hoy representa un lineamiento para ser asumido por el movimiento obrero, tanto en su programa político como en sus líneas organizativas, pues no se trata sólo de plantear tal o cual huelga, sino en la forma en cómo estallarla y defenderla.

Lo que el movimiento minero nos permite ver es que ni la más mínima reivindicación de la constitución burguesa es respetada, y las alianzas burguesas son las que prevalecen en el criterio del control sobre la población; como se afirma en las incursiones militares en el estado de Morelos, por lo que la evaluación del próximo escenario electoral no debe dejar de lado el escenario de confrontación en el cual se está desenvolviendo actualmente la lucha de clases. Mentir u omitir el enfrentamiento con la burguesía sólo es el preámbulo para suavizar una indiscutible derrota.

tomado de Vanguardia Proletaria 307
leelo en su version electronica

http://www.pcmml.com/vangua.htm

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