SOBRE EL ANIVERSARIO DE LA CAIDA DEL MURO DE BERLIN

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¡A la clase obrera, a los trabajadores, a los pueblos oprimidos de todo el mundo!

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En noviembre se cumple el vigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín y la burguesía prepara el enésimo ataque anticomunista y antiobrero, sazonado con las más rancias falsificaciones históricas.
Veinte años durante los cuales la clase dominante pretende desviar las aspiraciones de cambio de la clase obrera y de los pueblos, con demagógicas promesas de “un nuevo orden mundial” y mentiras sobre el “fin del socialismo”, para impedir cualquier intento de resistencia, de revuelta, de discusión o puesta en duda del sistema capitalista.
A raíz de los acontecimientos del 1989 los propagandistas del imperialismo anunciaron el fin de la historia, que las ideologías estaban acabadas, obsoletas,(excepto las de la burguesía, obviamente), que la revolución es una cosa del pasado, y que por tanto sólo existe un horizonte para la humanidad: el basado en la propiedad privada de los medios de producción social.
Desde entonces, junto a la presentación de los acontecimientos ocurridos en el Este europeo como la “derrota del comunismo”, se han impuesto la política neoliberal, el “derecho a la injerencia”, las “guerras preventivas” para la reconquista del mundo por los imperialistas estadounidenses. La burguesía ha reforzado su ofensiva contra la clase obrera y las masas populares, para aumentar la explotación y el saqueo de los pueblos por el imperialismo.
Los revisionistas y los social-demócratas, actualmente, se dividen entre los que se cubren de ceniza y los que alteran y deforman los hechos que llevaron a la caída del muro. Muchos de ellos en los últimos años han derivado más aún a la derecha, demostrando su debilidad ideológica y política, y otros han pasado directamente al campo hostil. Otros, preconizan que ya no es tiempo de revolución, que hace falta conformarse con las reglas impuestas por la burguesía, limitarse a las reformas, y condenan las fuerzas comunistas y revolucionarias que se oponen a la situación creada y se reorganizan y retoman el camino de la lucha.
Los comunistas saben que la caída del muro de Berlín no ha significado el derrumbamiento del socialismo proletario, ha sido la etapa final de un proceso de destrucción de la dictadura del proletariado y restauración capitalista mediante el revisionismo empezada en los años 50-60 del pasado siglo en USSR y en la mayoría de los países del Este. El hundimiento del llamado “socialismo real” ha sido el derrumbamiento de una superestructura que no correspondía a las relaciones de producción existentes, pero que a causa de sus rasgos exteriores en teoría “socialistas” ha contribuido a sembrar confusión, reflujo y pérdida de posiciones de la clase obrera.
La caída del muro no ha anulado la validez del marxismo-leninismo como teoría revolucionaria, sino que ha completado la parábola de la ideología revisionista en el Este europeo. No ha determinado la resolución de las principales contradicciones de nuestra época sino su empeoramiento, como demuestra la realidad actual.

¿Qué hemos visto, en efecto, en los últimos veinte años?
En lugar de la superación de los obstáculos económicos, sociales y políticos que impiden la emancipación de la humanidad, hemos visto levantar muros aún más altos frente a los explotados y a los oprimidos.
Muros que separan la oligarquía financiera que vive en el lujo y en el derroche, de las grandes masas de mujeres y hombres que crean con su trabajo todas las riquezas, sin poder beneficiarse ya que son obligados a sufrir el yugo de la explotación intensiva, del paro, de la precariedad, de la pobreza, sólo recibiendo caridad de los gobiernos burgueses.
Muros entre un puño de potencias imperialista y los países dependientes sometidos al brutal saqueo de sus recursos, obligados al sub-desarrollo y condenados al hambre.
Muros representados por el obscurantismo, la ignorancia, la opresión religiosa, el cosmopolitismo burgués, que sirven a mantener a los trabajadores sumisos y embrutecidos.
Muros como el ltado contra los emigrantes entre EE.UU. y México, en Europa, en el Mediterráneo, o el del sionismo en Palestina, el conservado por el imperialismo en la península coreana y muchos otros.
¿En qué han terminado después de dos décadas las promesas lanzadas a los cuatro vientos por la clase dominante?
Prometieron el “crecimiento económico”, pero hemos visto la extensión sin precedentes del parasitismo y la especulación, crisis económico-financieras cada vez más frecuentes y profundas, hasta llegar a la actual, la más grave y destructiva crisis de los últimos ochenta años, que es la manifestación de todos los problemas acumulados anteriormente.
Garantizaron “libertad y democracia”, pero estas hipócritas palabras se han pronto transformado en la dictadura reforzada de un grupo de países imperialistas y de los monopolios financieros, en un dominio neocolonialista aún más feroz, al que son sometidos centenares de países y naciones dependientes, en golpes de Estado como los ocurridos recientemente en Honduras y en África, en supresión de los derechos a los trabajadores y las libertades democráticas en muchos países, en Estados policíacos cada vez más autoritarios y fascistas.
Prometieron un “mundo de paz”, pero las potencias imperialista, EE.UU. en cabeza, han reforzado sus arsenales y aparatos militares, azuzado una sucesión de guerras de agresión y actos de auténtico terrorismo que han segado centenares de miles de víctimas, y se han intensificado las rivalidades entre los países imperialistas y los grupos monopolistas para un nuevo reparto de las materias primeras, de los mercados, de las esferas de influencia, aumentando así el peligro de un nuevo conflicto mundial.
Hablaron de “protección del medio ambiente”, pero vemos que la búsqueda del máximo provecho ha devastado el ecosistema, y puesto en evidencia que el capitalismo, con su afán de rapiña, es incompatible con la existencia misma del género humano.
¿Y qué decir de la situación de los países del Este europeo “vueltos a la libertad”? Salarios de hambre, paro masivo, eliminación de logros sociales, catástrofe económica, aumento de la mortalidad, criminalidad, prostitución, subordinación más servil a los intereses del imperialismo occidental o, en el caso de Rusia, afirmación del más retrógrado chovinismo para afirmar los mismos intereses imperialistas. ¿Hay quizá que asombrarse si en estos países hoy crece la “nostalgia del socialismo”, es decir de un sistema social superior al capitalista, que alcanzó grandes conquistas a pesar de las continuas agresiones imperialista, antes de que el revisionismo lo minara desde dentro y luego lo desmoronara?
En estos veinte años la clase obrera, los trabajadores, la mayoría de los pueblos, a pesar de los golpes padecidos no se han rendido, no han aceptado en silencio la esclavitud del trabajo asalariado y la opresión imperialista. El reflujo de la lucha de clase gradualmente ha dejado el sitio a una mayor resistencia y a nueva ascensión de la lucha política y social, expresada de modo diferente según los países. En particular en la última década hemos observado un importante proceso de reanudación de las luchas, significativos adelantos de los trabajadores y los pueblos, a pesar de la creciente agresividad de la burguesía.
La historia no se acaba con la caída del muro de Berlín, al revés se manifiesta una evidente aceleración. La lucha de las clases sociales, que es su motor hasta el logro del comunismo, avanza al igual que el movimiento comunista y obrero internacional. ¡Los protagonistas de la lucha para la transformación social están en pie y dispuestos a dar la batalla! Eso preocupa tanto a la burguesía que – a veinte años de la “muerte declarada del comunismo” – tiene que exorcizar continuamente, denigrar y criminalizar su fantasma, para evitar que el proletariado recupere su teoría revolucionaria.
Todo esto demuestra que la presunta superioridad e invencibilidad del capitalismo es una mentira, que las razones de la revolución y el socialismo continúan a ser más que nunca actuales y válidas.
Hoy estamos en una situación internacional muy diferente a la de 1989. La burguesía se encuentra en una desastrosa crisis económica, resultado de las leyes de funcionamiento del capitalismo, y no tiene respuestas para las necesidades y a las aspiraciones de los trabajadores y los pueblos. Es más vulnerable que ayer, y existen numerosos eslabones débiles en la cadena de su dominio.
La crisis actual de superproducción relativa, entrelazada con la crisis general del sistema imperialista-capitalista, durará, va para largo, desvelando a los ojos de las masas el verdadero rostro de la burguesía: una clase que ha agotado desde hace tiempo su función histórica, pero que sigue llamando a los trabajadores y los pueblos a los “necesarios sacrificios” para garantizarse la supervivencia y los privilegios.
Mientras los gobiernos retiran de las cajas públicas enormes cantidades de dinero para favorecer los monopolios capitalistas, los bancos, crece constantemente el paro, los salarios y las jubilaciones, los servicios sociales son desmantelados, y por tanto los trabajadores caen en la miseria y en el hambre. La ofensiva de los capitalistas va tomando formas cada vez más agudas, la burguesía y sus gobiernos lanzan su ataque contra las conquistas políticas y económicas conseguidas a costa de duras luchas. El fascismo avanza en muchos países, fomentado por los grupos más reaccionarios del capital financiero. Nuevas guerras de saqueo se preparan.
Esta situación manifiesta la incompatibilidad de intereses entre proletarios y burgueses y pone a la clase obrera y los trabajadores frente a la necesidad urgente de realizar el frente único de lucha contra la ofensiva capitalista, la reacción política y las agresiones imperialistas.
El obstáculo principal que dificulta hoy la construcción del frente único, es la política de colaboración de clase seguida por los partidos socialdemócratas y los sindicatos amarillos, verdaderos puntales sociales de la burguesía. Prometen a las masas un “reformismo” ya puesto fuera de uso por las leyes inexorables del capitalismo, frenan y dividen el movimiento obrero y sindical, lo desvían hacia el cretinismo parlamentario y abren las puertas a las fuerzas reaccionarias.
¡Para suprimir este obstáculo, para luchar eficazmente, hace falta que los trabajadores se unan para defender intransigentemente sus intereses económicos y políticos, avanzando un programa concreto de acción contra la burguesía: contra los despidos, la disminución del salario, los cortes al gasto social, para que reacaiga sobre los patrones, los ricos, los parásitos las consecuencias de la crisis ; intensificando en las fábricas, en los campos, en las calles, la lucha contra la ofensiva capitalista, organizando así una ancha contraofensiva internacional, para que no sean los proletarios y los pueblos sacrificados por los intereses económicos de los capitalistas!
Al mismo tiempo, es necesario que a los comunistas y los revolucionarios se unan todas las fuerzas realmente demócratas, progresistas, de izquierda, para dar impulso a la lucha antiimperialista y antifascista, para favorecer la tendencia al cambio que se desarrolla en el mundo, particularmente en América latina y en Asia, para desarrollar la solidaridad entre los pueblos.
Los partidos y las organizaciones de la CIPOML, junto a las fuerzas políticas y sociales que se adhieran a la presente llamada, plantean a las masas el problema de la salida revolucionaria de la crisis del capitalismo. Frente a las medidas adoptadas por los gobiernos burgueses, frente a las ilusiones que sembraron los que se proponen “regular” un orden social en descomposición, los comunistas afirman que los males del imperialismo no tienen cura, que la única salida de la crisis general del capitalismo es el socialismo proletario, la sociedad planificada de los productores.
Con este propósito, mientras tomamos parte y sustentamos las luchas que se desarrollan con formas cada vez más agudas bajo los golpes de la crisis, mientras cooperamos en su organización indicando que los trabajadores tienen que negarse a soportar las consecuencias de la crisis, decimos que la situación se agravará si el proletariado y los pueblos no logran acumular fuerzas para contestar al ataque y luchar para derribar la dictadura de las clases explotadoras, por un nuevo y superior orden social.
¡Veinte años después de la caída del muro de Berlín la revolución socialista se presenta una vez más como un problema planteado que hay que solucionar por medio de la consolidación y la construcción de fuertes partidos comunistas que levanten la bandera del marxismo-leninismo, la bandera del Octubre soviético, la bandera de la revolución proletaria mundial!
Octubre de 2009

Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxissta-Leninistas

(CIPOML)

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